- Ni vetos, ni facturas: Gino Segura
Que hablen los resultados y que hablen las encuestas
Por Víctor Flores
En política hay momentos para competir y momentos para construir.
Confundirlos puede convertir una diferencia interna en una fractura que quizá nunca existió.
En los últimos días, algunas columnas y comentarios políticos han colocado a la presidenta municipal de Isla Mujeres, Atenea Gómez Ricalde, bajo una narrativa particularmente severa: se le acusa de “indisciplina” e incluso de “traición” por haber respaldado a Rafael Marín Mollinedo y no a Eugenio “Gino” Segura durante el proceso interno de Morena en Quintana Roo.
Pero vale la pena separar los hechos de las interpretaciones.
Atenea nunca ocultó su respaldo a Rafael Marín. Lo hizo públicamente dentro de un proceso en el que Morena permitió la participación de distintos perfiles y cuya definición sería mediante encuestas.
- Entonces, ¿desde cuándo respaldar a uno de los participantes de una contienda interna constituye una traición?
Competir no es traicionar. Pensar diferente tampoco es indisciplina.
La verdadera prueba política ocurre cuando termina la competencia.
Y una vez conocido el resultado, Atenea Gómez Ricalde reconoció al igual que Rafael Marín, la definición de Morena, felicitó a Eugenio Segura y expresó su disposición a trabajar en unidad.
Eso cambia sustancialmente la lectura.
Porque no abandonó Morena, no desconoció el resultado ni emprendió una confrontación contra quien resultó seleccionado.
Haber respaldado otra opción durante una competencia interna no significa romper con un movimiento cuando esa competencia termina.
Pretender instalar ahora la idea de que esa decisión deberá costarle políticamente a Atenea parece anticipar una lógica de premios y castigos que, hasta ahora, no corresponde con lo expresado públicamente por el propio Gino Segura.
- Y ahí está quizá el dato más importante.
Gino Segura ha señalado que buscará la unidad interna, que no habrá vetos para participar en los próximos procesos y que las futuras coordinaciones municipales, distritales y federales deberán definirse mediante las encuestas establecidas por Morena.
También ha dicho que no le corresponde repartir candidaturas ni posiciones políticas.
- Es decir: la postura pública del ganador apunta hacia la competencia y la unidad, no hacia la revancha.
Eso habla de madurez política.
Convertir una diferencia interna en una sentencia política contra quienes respaldaron a otro aspirante significaría desconocer la propia naturaleza de un proceso en el que participaron distintas expresiones.
La gobernadora Mara Lezama, la dirigencia estatal de Morena y el propio Gino Segura tienen ahora frente a sí un reto mayor que cualquier diferencia circunstancial: mantener cohesionado un movimiento después de una contienda interna.
Y la unidad verdadera no significa que todos hayan pensado igual desde el principio.
Significa saber reencontrarse después de competir.
LOS RESULTADOS TAMBIÉN HABLAN
En el caso particular de Atenea Gómez Ricalde existe, además, otro elemento que no debería desaparecer entre el ruido político: su gestión al frente de Isla Mujeres debe juzgarse por sus resultados.
Atenea llegó por primera vez a la presidencia municipal para el periodo 2021-2024 bajo las siglas del PAN. Posteriormente se incorporó a Morena y obtuvo un segundo periodo al frente del municipio.
Su administración ha encabezado mediciones recientes de fuerte aprobación ciudadana. En septiembre de 2026, el ranking de GobernArte colocó a la presidenta municipal de Isla Mujeres en primer lugar entre los gobiernos municipales evaluados en Quintana Roo, con 55.8 por ciento de aprobación.
En agosto, la misma medición también la había situado en primer lugar, con 56.8 por ciento.
Esos datos no convierten a ningún gobernante en intocable ni lo exentan de la crítica periodística.
- Pero sí forman parte del contexto.
Isla Mujeres es además un municipio donde los resultados de una administración tienen una característica particular: están a la vista de una comunidad relativamente pequeña, tanto en la isla como en la zona continental.
Durante estos años se han realizado obras, acciones de recuperación de espacios y mejoras en servicios e infraestructura. La transformación de la zona continental constituye uno de los ejes centrales de su administración y será finalmente la ciudadanía quien evalúe sus alcances.
Por eso resulta legítimo cuestionar a Atenea, como a cualquier gobernante.
Lo que resulta distinto es señalar que haber respaldado a Rafael Marín dentro de una competencia autorizada por su propio partido borre automáticamente cinco años de gobierno o se convierta en causal anticipada para cerrarle futuras posibilidades políticas.
NI VETOS NI FACTURAS
Morena acaba de pasar por un proceso interno. Hubo ganadores y hubo quienes no obtuvieron la coordinación.
Eso ocurre en cualquier competencia.
La política madura comienza precisamente después.
Gino Segura tiene ahora la responsabilidad de construir alrededor de su liderazgo y ha expresado públicamente que no enviará mensajes de división o desacreditación hacia otros militantes y que buscará integrar a las distintas expresiones del movimiento.
- Ese mensaje importa.
Porque si las futuras candidaturas serán determinadas mediante encuestas, como él mismo ha reiterado, entonces serán los ciudadanos consultados y las reglas internas de Morena —no las facturas derivadas de una contienda pasada— las que deberán pesar en esas definiciones.
Atenea Gómez Ricalde tendrá, llegado el momento, que someterse a esas mismas reglas si decide buscar otra responsabilidad pública.
- Ni privilegios.
- Ni vetos.
- Ni pases automáticos.
Que hablen los resultados y que hablen las encuestas.
Porque una organización política que después de cada proceso interno castigara a quienes respaldaron una opción distinta terminaría convirtiendo sus competencias en ejercicios donde disentir tendría un costo.
Y eso sería precisamente lo contrario a competir.
Atenea tomó una decisión política y respaldó a Rafael Marín.
Gino Segura ganó el proceso interno.
El resultado fue reconocido.
Ahora viene otra etapa.
Una etapa donde la madurez política de quienes participaron deberá medirse no por lo ocurrido antes de la encuesta, sino por lo que sean capaces de construir después de ella.
Por eso, frente a quienes quieren convertir una diferencia interna en ruptura, conviene recordar algo elemental:
Competir no es traicionar.
Y reconocer el resultado, cerrar filas y seguir trabajando después de haber competido también es disciplina.
La política que viene necesitará menos facturas y más resultados; menos rumores de venganza y más capacidad para construir acuerdos.
Porque al final, la unidad no consiste en que nadie discrepe. Consiste en que, después de las diferencias, todos sepan hacia dónde caminar.
FACTA NON VERBA













































































